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miércoles, 14 de abril de 2010

"Lara, el africano de Palermo"



"Me quedaban unos amigos; dejé de verlos. Prisionero del Libro, casi no me asomaba a la calle. Examiné con una lupa el gastado lomo y las tapas, y rechacé la posibilidad de algún artificio. Comprobé que las pequeñas ilustraciones distaban dos mil páginas una de otra. Las fui anotando en una libreta alfabética, que no tardé en llenar. Nunca se repitieron. De noche, en los escasos intervalos que me concedía el insomnio, soñaba con el libro.

"Declinaba el verano, y comprendí que el libro era monstruoso. De nada me sirvió considerar que no menos monstruoso era yo, que lo percibía con ojos y lo palpaba con diez dedos con uñas. Sentí que era un objeto de pesadilla, una cosa obscena que infamaba y corrompía la realidad.

Pensé en el fuego, pero temí que la combustión de un libro infinito fuera parejamente infinita y sofocara de humo al planeta.

Recordé haber leído que el mejor lugar para ocultar una hoja es un bosque. Antes de jubilarme trabajaba en la Biblioteca Nacional, que guarda novecientos mil libros; sé que a mano derecha del vestíbulo una escalera curva se hunde en el sótano, donde están los periódicos y los mapas. Aproveché un descuido de los empleados para perder el Libro de Arena en uno de los húmedos anaqueles. Traté de no fijarme a qué altura ni a qué distancia de la puerta.

Siento un poco de alivio, pero no quiero ni pasar por la calle México."


Jorge Luis Borges encontró esta salida para "perder" su abominación analógica.

Mi amigo-(todavía tengo uno)-escribe y re-escribe su novela africana, desde su departamento de Buenos Aires. Su departamento está en la calle Jorge Luis Borges, ex Serrano,en Palermo.
Ayer recibí uno de sus borradores.
La imagen escaneada encierra como todo aquello grafiado, una red de crípticos anagramas y monstruos anamórficos.
Recordé la solución de "El Libro de Arena" y decidí un destino radical para el folio binario...postearlo rápido...para extraviarlo.

El único dato que no deja de taladrar mi cerebro y que es imperioso compartir, como todo buen secreto, es, que el segundo apellido de mi amigo es Serrano.

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