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martes, 18 de junio de 2013

"The Cut meanings of Jonathan Safran"

domingo, 2 de junio de 2013

"Si el río suena..."


 Las salas de espera propician la lectura telegráfica. La lectura transitoria. Las revistas están maltratadas, mutiladas. El lector se venga por el tiempo perdido. Es lectura de entreacto. En una de esas revistas, una “Cosas” antediluviana, la instantánea del príncipe Carlos y una lady D, ajena, se asienta en un pie de tipografía chismosa que desliza: “En la foto observamos la llegada de la pareja real de su luna de miel”. Diana sonríe triste y desencantada. Carlos mira distraído, más allá del contingente de paparazzis; su preocupación es un equipaje de mano con ruedas. En su interior, y de acuerdo a la versión oficial, lleva algunos ensayos y novelas; que lo ayudaron a sobrellevar y amenizar el trance íntimo. Años después recibí un regalo, un libro. La antología de ensayos: “Escrito sobre Música” del cronista argentino Diego Fischerman. Libro que hojeé y no leí. El volumen permaneció intacto varios meses, hasta que el autor del presente volvió a este país y se lo llevó, en préstamo, por un fin de semana. Venía a pasarlo con su novia. “Uno no debe regalar lo que más le gusta”- eso aprendí cuando niño. Mis padres me hacían elegir el juguete que yo deseara, a condición de que fuera para otro. Mi deseo era el regalo de otro.
Carlos y mi amigo atesoran la lectura, una lectura de entreacto. Palabras de un rito de anticipación. Algunos sostienen que el contenido de los libros nos elige, nos depreda. Pero estas palabras son las acomodadoras de la obra de otras, iluminan mórbidas la función de otras. De combinación y fiato armónico.
El 9 de Mayo de 2013 (el día en que mi madre, de visita en Holanda, cumple 74 años) tuve el privilegio de asistir a la clase magistral de la artista Caroline Leaf, en el marco del segundo Festival de Animación Chilemonos. Leaf es famosa por sus animaciones directas con arena sus secuencias grabadas a mano rasgando las capas de celuloide de 70 mm.
Mi relación platónica con la obra de la animadora data de los 80’s, cuando conseguíamos con mi amigo (el del libro), películas promocionales de 16mm del NFB, en la embajada de Canadá. Nuestro cine club tenía dos lugares de proyección: la Facultad de Periodismo y de Artes de la Universidad de Chile. La taquilla era desmedida para la pobre difusión. Teníamos público de varias escuelas; todo aquel que era alcanzado por el rumor del boca a boca. El deteriorado celuloide fue reemplazado paulatinamente con cintas de video, igualmente frágiles, regrabadas y saturadas hasta una descomposición inminente.
Tener a Caroline Leaf frente a mis ojos tatuó en mí, un simbólico indeleble.
Mis estudiantes fueron unos anfitriones impecables y cariñosos. Me contuvieron, gentiles. Fueron testigos cómplices, de mis ansias de admirador incondicional. En la sala de cine dispuesta para la ocasión, mi colon irritable producía un Foley cada vez más audible. Mi mano derecha apretando el abdomen y una respiración pausada, controlaba ineficazmente el volumen de mi orquestación gasificada. Los ojos de mi estudiante informante, reclamaban en una mirada verde e inquieta, algo de control, dado el indecoroso origen de mi concierto psicosomático.
Nada eclipsaba a la artista. La arena. La mesa de luz. Sus manos moldeando la trama. Cada fotograma un grabado monocromo. Su voz anunciando:”Another frame”. “Animación para ser habitada” ¿Título plagiado o la mecánica de la memoria y su resquicio? (Precaria emulación en forma de dispositivo). -“Los libros son máquinas del tiempo”- sentenciaba cada tanto, mi amigo, el príncipe Carlos de otra Diana- infiel, por un solo volumen y otros ritmos. El libro de Diego Fischerman, su regalo y mi lectura aplazada, tiene una arquitectura maximalista. Su índice divide la estructura en cinco partes fundacionales: Principios, Enciclopedias,Deseos,Territorios e Invenciones. En la página 151, en su centro relativo, en los Deseos, uno medular: “Música para ser habitada (acerca de Morton Feldman)”. Según el ensayo (luego lo comprobé) las obras de Feldman son de largo aliento: “Desmesuradas: El Primer Cuarteto, con una hora y media de duración, el mencionado Segundo Cuarteto, de cinco horas y media, For Philip Guston, de cuatro horas.” “Decía, Morton Feldman, que durante un período corto podía pensar en la forma de una obra musical pero después de una hora y media, la cuestión era de escala” “Las partituras de Feldman hablan del espacio y sus transformaciones, construir para habitar” “Para él (…) las transiciones no son tales: se convierten en objetos” “Un motivo de tres notas va cambiando lentamente, se va convirtiendo en otra cosa, pero como en la travesía de Moises, lo más importante es, más que llegar a tierra prometida el ir hacia allí” Según Fisherman, los textos del compositor evidencian sus reflexiones sobre las funciones de la música. La obra completa es simplemente la eterna muerte del artista.¿No es acaso cualquier obra maestra una escena de muerte?¿No es por eso que queremos recordarla, porque el artista está mirando hacia atrás cuando ya es tarde, cuando ya todo pasó cuando se le ve finalmente como algo perdido?“The Viola in my life, es la música espacial por antonomasia, no porque se refiera a ningún lugar en particular ni porque haya sido pensada como ambientación de lugar en particular alguno sino porque dibuja un espacio en sí misma” “En esta obra cuyas cuatro piezas funcionan como tenues movimientos hacia una elegante elusión final, hay una especie de temblor, de balanceo. No es el espacio el que cambia sino nuestra forma de mirarlo, de percibirlo, de habitarlo. Feldman define a su manera: “Las situaciones se repiten a sí mismas con cambios sutiles más que con desarrollos. Hay un hiato entre la expectativa y la realización. Como en los sueños, no hay liberación hasta que no despertamos. Y eso no es porque el sueño haya terminado”. Morton Feldman era admirador de la Pintura. Caroline Leaf estudió Pintura. Declaró que había aprendido a pintar sólo cuando se puso a animar. La Pintura es la piel del gesto y sus coágulos. El tejido de una cierta conciencia y su materia. Animar es dar vida a las transiciones. La Pintura es el arte de las transiciones. Todo oficio es habitar. El libro de Diego Fischerman el territorio de una realeza insular. Mi amigo, la presa consensuada de una Diana aún viva y condenada a su rol de cazadora.